15 feb 2016
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Las tuberías que se encuentran a la intemperie o en el interior de pisos superiores son las que más sufren el riesgo de congelación. En este último caso, en especial, ocurre en habitaciones que se usan poco y, por lo tanto, no es habitual la calefacción, como desvanes o buhardillas.

Cuando el termómetro se sitúa en 0ºC, el agua se congela. Como resultado, se solidifica y aumenta de volumen hasta formar hielo. La presión que éste ejerce llega a ser tan alta que, en ocasiones, rompe las paredes de la tubería. Si el congelamiento se origina en un punto de la instalación próximo a una unión, lo habitual es que se produzcan filtraciones. Sin embargo, si se congela todo un tramo de tubería, es posible que ésta reviente. Por este motivo, es fundamental aislar los tubos del frio intenso.

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